LA VIDA SIN PASE ESCOLAR

El último mes de vacaciones y ya empezamos con problemas

Llegamos a  febrero, la segunda patita del verano, y si bien hay muchos que salen de vacaciones en estas fechas, granparte de la población universitaria (por uno u otro motivo) se queda en la capital.

Para ellos (o sea, nosotros), el simple hecho de ir de un lugar a otro puede volverse un tormento: se nos acaba la tarifa escolar, y jodimos con el beneficio tanto en las micros como en el metro.

El pasado 29 de enero la triste noticia se hizo realidad. De pagar esos curiosos $170 pesos que nos empezaron a cobrar de un día para otro sin previo aviso, empezamos a pagar más de $600, un golpe sin anestesia al bolsillo que termina por comprobar que las vacaciones en Santiago son una lata.

Si lo vemos por el lado más simple tiene lógica que se tome esta medida, suponiendo que en febrero no hay actividades académicas, pero ¿qué pasa con la gente que trabaja en vacaciones para pagar su matrícula o parte de sus estudios? ¿O qué pasa con los estudiantes de menores ingresos que se ven obligados a pagar de más para trasladarse? Para qué hablar de la reciente alza que se vuelve un obstáculo más para los ajustados presupuestos.

foto: Shann

Ahí es cuando la opción de evadir se hace tentadora y desafiante, te haces el huevón un poquito y tu tarjeta no sangrará al oír el estruendoso “bip”. Pero pareciera que no hay escape cuando dos cuadras más allá un par de sujetos vestidos de despampanante fluorescente y flamante logo del gobierno podrían caerte encima. Y si te ahorraste los seiscientos, te encargo la multa. Al final, la acción se hace compleja y la gente termina convenciéndose de dos cosas: 1) voy a tener que pagar igual y 2) voy a tener que salir menos.

¿Y dónde quedaron las promesas de Bachelet el 2006 en plena revolución pingüina donde decía que el pase duraría todo el año? Seguramente sólo en eso. Pero en un gobierno donde el ministro está más preocupado de hacer educación particular que municipal de calidad, y con un sistema de transporte que deriva la responsabilidad de los problemas de dinero a los usuarios y no a las estrategias empleadas para que funcione, reclamar parece disparar al aire.

Porque sí, con toda la gente que sale y la que prefiere no hacerlo, febrero se vuelve un mes muerto para el transporte  ¿y quién paga el pato? adivinen. Por último, si suben el pasaje, podrían compensar bajando las chelas o los helados, pero sabemos que eso nunca ocurrirá.

Los únicos “afortunados” eso sí, son los estudiantes en práctica. Podrían rajarse con el pase los fines de semana y ahí arreglamos…